PINTURAS RUPESTRES DEL ABRIGO DE LA SIMA DEL PALANZUELO
17-03-2007


Hace unos días nuestro compañero de Grupo Eurípides Triano realizó una salida a la Sima del Palanzuelo, ubicada en el término de Carcabuey, en la denominada Sierra Gallinera. El objetivo era realizar reportaje fotográfico de las pinturas rupestres esquemáticas que se hallan en el abrigo rocoso anejo a la boca de la cavidad. El interés de realizar las fotografías le fue trasmitido por los responsables del área de cultura del Ayuntamiento de Carcabuey, que ante la inminente apertura del Museo Arqueológico Municipal de la citada localidad querían disponer de ellas. Incluso se ha planteado la posibilidad de que el logotipo del museo sea una de las pinturas antropomorfas que forman las representaciones pictóricas prehistóricas. Ejemplo del interés y la implicación que desde el Consistorio alcobitense prestan al proyecto museológico lo tenemos en el hecho de que el propio alcalde de la localidad vecina, Juan Castro, fue acompañante de nuestro correligionario en la salida que nos ocupa.

Gran amante de la naturaleza, siempre presto a observar la fauna en su hábitat natural, Eurípides destaca de su salida el avistamiento de varias aves rapaces (águilas perdiceras) entre los escarpes rocosos de la sierra que se halla a caballo entre los términos de Priego de Córdoba y Carcabuey.
La línea divisoria que forman sus cumbres, representación ficticia de ese afán humano de separar lo tuyo de lo mío, lo de éste de lo de aquél, no deja de ser para estas aves, reinas de los cielos subbéticos, un mero elemento del paisaje que se desdibuja desde las alturas.
Dejando atrás la vena poética, hablemos de otros aspectos referentes a la localización del abrigo, así como a la historia y descripción de las pinturas que en él se hallan.

Como ya hemos mencionado se hallan en la Sierra de la Gallinera, en la parte de ésta perteneciente al término de Carcabuey (Córdoba) y mas concretamente en su ladera noroeste, en la base de un farallón rocoso de grandes proporciones.

Se trata de un abrigo rocoso de buenas proporciones, contando con unos ocho metros de altura. Dentro del abrigo se halla la boca de la Sima del Palenzuelo. A la izquierda de ésta, si la miramos de frente, y en una hornacina elevada varios metros de la base del abrigo nos encontramos las pinturas. La situación a gran altura le da un amplio domino del paisaje, así como es susceptible de ser avistado él mismo desde un gran radio de terreno. Es al mismo tiempo lugar estratégico que domina pasos naturales.
Los puntos arriba indicados: abrigo rocoso que protege de las inclemencias del tiempo a las representaciones pictóricas, ubicación a gran altura, domino visual del terreno, control de pasos naturales, son elementos coincidentes en este tipo de representaciones al aire libre. Aspectos que dan pie a los entendidos en la materia a plantearse hipótesis sobre el objetivo de sus artífices al realizarlas. Así se habla del control y delimitación del territorio y de la conexión e interacción de las estaciones rupestres que se hallan cercanas en el terreno

Más que de la historia de su descubrimiento, hablaré de las anécdotas de éste. Es para mí cuando menos frustrante, por no decir doloroso, los hechos que lo rodearon:
Me hallaba yo en el interior de la sima de las Siete Simas del Cerro del Castillo de Carcabuey, allá por el día 25 de julio de 1985, en compañía de Antonio González, cuando mi amigo Antonio Gómez, estando sentado bajo la sombra y frescor del abrigo en cuestión, comiéndose con avidez un bocadillo de yo no sé que, exclamó entre mascada y mascada "coño, ahí hay un muñeco pintao". Entenderán ahora mi frustración al no haber podido ser testigo y parte de ese memorable día cuando el que me conoce sabe que no me suelo perder una. Pero no quedó ahí la cosa; se hizo pacto de silencio entre todos los implicados de mantener en secreto el importante hallazgo hasta darlo a la luz pública de manera oficial. Y con tanto celo lo acataron, que siendo amigo y/o compañero de todos ellos no llegó a mis oídos pista alguna de lo sucedido. Así que dos semanas después, en la más oscura ignorancia, por aquellas coincidencias de la vida recalamos, escala al hombro, allá en el Palanzuelo Antonio González y mi persona. La escala se nos quedó corta en el primer pozo de la sima, pero esta pequeña adversidad se esfumó fugaz bajo la felicidad del redescubrimiento de las pinturas. Esa misma tarde nos pusimos en contacto telefónico con la arqueóloga Beatríz Gavilán, muy comprometida en aquellos momentos con la arqueología de la comarca, al estar preparando su tesis doctoral en los yacimientos de la zona. Me imagino lo que le costaría a esta señora, al otro lado del hilo telefónico, aguantarse una risotada mientras sesgaba de cuajo nuestra efímera felicidad. Por otra parte es fácilmente imaginable la cara de tonto que se me quedó en un principio y el cabreo que vino después, que tuve a bien descargar en mis compañeros y/o amigos.

En cuanto a la descripción de las pinturas daré unos breves ramalazos, extraídos de artículo que dentro de la Publicación del Museo Histórico Municipal de Priego de córdoba Antiqvitas nº 6 (pp 5-14) se edita con el título "las Pinturas Esquemáticas del Abrigo de la Sima del Palenzuelo", cuyo autor es Antonio Moreno Rosa, arqueólogo y espeleólogo prieguense en la reserva activa:
El conjunto está formado por dieciocho figuras de mayor o menor nitidez y algunas manchas casi imperceptibles imposibles de definir debido a su mal estado.
Todas las pinturas o manchas están realizadas en color rojo almagra, algo oscuro y con la técnica de las tintas planas.
El conjunto ocupa horizontalmente prácticamente todo el espacio accesible de la hornacina, hasta el punto de que es muy dificultoso llegar a los extremos del panel.
Sigue diciendo el autor que en su opinión la distribución de todas las figuras formando un panel extenso de unos siete metros de longitud, sin tener en cuenta la idoneidad de la pares, es consecuencia de una idea compositiva previa.
En el panel encontramos trazos, manchas, una pequeña figura en forma de "pi" y dos figuras antropomorfas, sin duda lo más representativo, que ocupan un lugar destacado en la pared por su visibilidad y regularidad.

Rafael Bermúdez Cano